Toda lectura es en sí un viaje y todo libro de José Saramago conlleva un viaje al interior de la naturaleza humana y, desde ella, al interior de uno mismo. Por tanto, leer un libro del Premio Nobel portugués cuya trama central es el viaje de un elefante a mediados del siglo XVI desde Portugal hasta Austria, no puede ser otra cosa que una auténtica aventura.
El viaje del elefante es un compendio de palabras que da gusto tener entre las manos. El primer acierto es su apariencia exterior: robusto y fuerte, como las patas de un elefante. Como esas patas de Salomón que le tocan a uno la vena sensible en la última página.
El segundo acierto está dentro. Saramago narra un viaje del que hace partícipe al lector. Desde luego, nadie puede decir que este autor sea dado a excluir al lector de sus escritos. Saramago conversa con él, inclina la cabeza hacia el receptor de su mensaje, que mira el texto haciéndose preguntas: ¿Llegará el elefante a Viena? ¿Qué será de Subhro, el cornaca? ¿Qué es un cornaca? ¿Cómo duerme la reina de Portugal sabiendo que Salomón va camino de Austria? ¿Qué le parece a Salomón el archiduque de Austria? ¿Le gusta más el archiduque que el rey de Portugal, su anterior dueño? ¿Qué importancia tiene en el mundo de los elefantes un título como el de archiduque de Austria? ¿Siendo posible que Salomón, como elefante, sea la reencarnación del dios hindú Ganesha, no debe el archiduque rendir pleitesía a la deidad elefantina? ¿Qué piensa Salomón de esto último? Y sobre todo, ¿Qué piensa Salomón de que el archiduque decida cambiar su nombre? ¿Por qué nadie consulta con el elefante las cosas que a él se refieren?
Nadie consulta con Salomón porque, como dice Saramago, “La gente está muy equivocada respecto a los elefantes”. Precisamente este libro está escrito para conocer mejor a esa especie de paquidermo enorme y pesado que se alimenta de forraje y agua en grande cantidades. Y el libro avanza lento como el ritmo del elefante, pero también rápido como la navegación de un barco.
Es una historia de contrastes, de cuatro países que se miran con recelo y a los que un elefante puede hacer entrar en guerra, aunque no sea la guerra un tema que suscite el interés de los elefantes. Quizás lo mejor de esta historia de reyes y archiduques sea el hecho de que los protagonistas están más cerca de la tierra que sus amos. Un elefante y un cornaca pertenecen a la tierra, no como sus altezas a las que molestan los excrementos del animal o decidir si es mejor para su figura histórica entrar en tal ciudad o en tal otra antecedido o precedido del elefante. ¿En qué momento es preferible que el elefante reciba los primeros aplausos del populacho? Ésta es una pregunta de archiduque, los elefantes se preguntan cosas más cotidianas como cuánto durará la lluvia fina que suaviza la pesadez del viaje o cuándo demonios y dónde se acaban los terribles Alpes.
Como el del cartaginés Aníbal, éste es el viaje de un elefante trazado por los hombres. Al final, junto al cornaca Subhro, el lector logra anticiparse a los movimientos de Salomón y se contagia de su fuerza para afrontar con decisión el destino que previamente ha marcado una extraña estrategia política disfrazada de regalo de cumpleaños.
Buen provecho.
Ficha técnica:
El viaje del elefante, José Saramago, Alfaguara, Madrid, 2008.
Título original: A viagem do elefante.
Edición original: Editorial Caminho S.A., Lisboa, 2008.
Traducción: Pilar del Río.
Diseño de cubierta: Rui Garrido.
282 páginas.
Precio: 17, 50 euros
Calificación: **** Imprescindible.
Un libro entretenido, es la primera vez que leo a Saramago y al principio me parecio aburrido y lento el libro, sin embargo creo que todas sus partes se convinan para llevarnos de la mano en un viaje por el caracter de cada personaje y el del lector propio…
robusto y fuerte… así son, lo parezcan o no, los protagonistas de las historias más sensibles…
ameno y te involucra tanto que lo vives la histria.